Daños de los biocidas en la flora y fauna microbiana del suelo

Biocidas

La contaminación del suelo se produce con la acumulación de sustancias tóxicas procedentes de los productos químicos de síntesis que se utilizan en la agricultura convencional. Se trata de una degradación química que provoca la pérdida parcial o total de su productividad debido a la desaparición de los organismos que viven en el suelo.

A continuación, vamos a ver los efectos nocivos de los tres productos químicos más utilizados en la agricultura convencional:

Los herbicidas

El herbicida más utilizado en todo el mundo es el glifosato. Su uso está muy extendido. No sólo se utiliza en la agricultura, sino también en las ciudades para eliminar hierbas en parques, calles, en los ribazos de los ríos y otros lugares públicos.

En un principio se utilizó, de forma inespecífica, para matar “malas hierbas”. Después, su utilización fue impulsada por la posibilidad de generar plantas resistentes al herbicida gracias a la ayuda de la ingeniería genética. Se fumigan plantaciones enteras con glifosato para que sólo la soja o el maíz sembrado sea resistente al mismo.

Por los diferentes estudios realizados, existen suficientes indicios para justificar una prohibición total en el uso del glifosato. Se ha demostrado que elimina la flora y fauna microbiana del suelo. Al ser residual contamina los acuíferos, produce alteraciones y malformaciones en el desarrollo embrionario no sólo en vegetales sino también en animales. Así mismo, puede producir cáncer, enfermedades respiratorias y otras enfermedades en el ser humano.

Sin embargo, los grandes intereses económicos representados por unas pocas multinacionales, entre las que destaca Monsanto, tienen especial interés en acallar cualquier estudio que desvele las consecuencias de su actividad y como consecuencia la prohibición del uso del glifosato.

Actualmente, los vegetales fumigados se están volviendo más resistentes, por lo que el glifosato acabará siendo un biocida tan dañino como inservible.

Glifosato

Los fungicidas

Los fungicidas son sustancias tóxicas que se emplean en la agricultura convencional para impedir el crecimiento o eliminar los hongos y mohos. En agricultura, se fumigan o espolvorean sobre las semillas, hojas o frutas.

Sus consecuencias son altamente nocivas para el suelo ya que los fungicidas eliminan todo tipo de hongos y, como hemos dicho anteriormente, los hongos son imprescindibles para la transformación de la materia orgánica en elementos simples (sales minerales) que vuelven al suelo y son transformados nuevamente en alimentos por las plantas.

La micorriza es la simbiosis entre un hongo y las raíces de una planta. Como en muchas relaciones simbióticas, ambos participantes obtienen beneficios. En este caso la planta recibe del hongo principalmente nutrientes minerales y agua, y el hongo obtiene de la planta hidratos de carbono y vitaminas que él por sí mismo es incapaz de sintetizar mientras que ella lo puede hacer gracias a la fotosíntesis y otras reacciones internas. Se estima que entre el 90 y el 95% de las plantas terrestres que no han sido tratadas con fungicidas presentan micorrizas de forma habitual.

Micorrizas

Las ventajas proporcionadas a las plantas por la micorrización son numerosas. Gracias a ella, la planta es capaz de explorar más volumen de suelo del que alcanza con sus raíces, al sumársele en esta labor las hifas del hongo; también capta con mayor facilidad ciertos elementos (fósforo, nitrógeno, calcio y potasio) y agua del suelo. La protección brindada por el hongo hace que, además, la planta sea más resistente a ciertos estreses ambientales que afectan al suelo como la salinidad, los cambios de temperatura y la acidificación del suelo derivada de la presencia de azufre, magnesio y aluminio. Por si todo esto fuera poco, algunas reacciones fisiológicas del hongo inducen a la raíz a mantenerse activa durante más tiempo que si no estuviese micorrizada.

La micorrización sería imposible si utilizáramos fungicidas químicos de síntesis.

Otro tipo de hongo imprescindible en la agricultura, son las levaduras. Las levaduras silvestres o naturales presentes en el hollejo de la uva permiten la fermentación espontánea en la elaboración del vino, evitando el añadido de levaduras artificiales. Las levaduras propias de cada uva permiten expresar las características propias de cada variedad y zona, realzando la calidad del vino y las cualidades propias del terruño de su denominación de origen. Con la utilización de fungicidas en el cultivo del viñedo, eliminaríamos todo tipo de levaduras naturales.

Los insecticidas

Se usan para exterminar plagas de insectos. Actúan sobre larvas, huevos o insectos adultos.

El problema de la contaminación por insecticidas es cada vez más grave tanto por la cantidad y diversidad como por la resistencia a ellos que adquieren algunas especies, lo que ocasiona que se requiera cada vez mayor cantidad del insecticida para obtener el efecto deseado en las plagas. Sin embargo, la fauna autóctona es afectada cada vez más destruyendo la diversidad natural de las regiones en que se usan.

Mariquita con pulgones

Si se destinasen solamente los mismos fondos para investigación e innovación a la producción ecológica de los que se destinan a la convencional o a los transgénicos, la AE podría desarrollarse rápidamente y producir
alimentos suficientes y de calidad para la humanidad

Los insecticidas más tóxicos que se utilizan o que se han utilizado son:

Los organoclorados. Son los primeros insecticidas de síntesis que se utilizaron en la historia. El primer Organoclorado que se sintetizó fue el DDT en 1939, actualmente prohibido por los daños irreversibles causados por su efecto.

Este insecticida puede mantenerse 10 años o más en los suelos y no se descompone. En general, los derivados Organoclorados actúan por contacto, posterior absorción local y acción biocida. Estos insecticidas han sido prohibidos por su acción tóxica, encontrándose en el mercado solamente algunos derivados.

Los organofosforados. La segunda guerra mundial trajo aparejada una gran revolución de la industria química. En dicho marco aparecieron los organofosforados como desarrollo exclusivamente militar (gases neurotóxicos) y después de la guerra, con un amplio uso agrícola. Así aparecieron en los años 50 el paratión y el malatión, organofosforados que se consolidaron como insecticidas principalmente agrícolas y su uso se incrementó enormemente con la prohibición del uso de los organoclorados.

Los organofosforados son sustancias orgánicas de síntesis. Sus características principales son su alta toxicidad, su baja estabilidad química y su nula acumulación en los tejidos, característica ésta que lo posiciona en ventaja con respecto a los organoclorados de baja degradabilidad y gran bioacumulación.

Se han registrado desde hace varias décadas gran cantidad de casos de resistencia de insectos a los organofosforados, debido principalmente al uso excesivo de estos insecticidas.

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