La responsabilidad del agricultor para la protección del medio ambiente

Día Mundial del Medioambiente

Los agricultores tenemos una gran responsabilidad a través de nuestro trabajo diario… en nuestras manos está proteger el medioambiente a través de nuestras prácticas agrícolas. El manual de buenas prácticas en viticultura, publicado en octubre de 2011 por WWF/Adena y titulado “Un brindis por la tierra”, recoge las actividades que todo viticultor debería llevar a cabo con el fin de preservar los recursos naturales, conservando los ecosistemas y su biodiversidad.

España es un país eminentemente agrario, en el que los usos del suelo condicionan el buen estado de los recursos naturales y la biodiversidad. La vid, se encuentra perfectamente adaptada a nuestras condiciones agroclimáticas, proporcionando un producto de calidad clave para la actividad socioeconómica de numerosas comarcas. Con las prácticas adecuadas, como el abonado orgánico o el control natural de plagas, los viñedos presentan además un importante potencial para contribuir a los objetivos ambientales establecidos en materia de conservación de la biodiversidad, protección de los recursos naturales o lucha contra el cambio climático. Sin embargo, la tendencia creciente hacia la intensificación de la producción en algunas zonas, junto con el abandono del viñedo en otras menos productivas, pero de carácter más extensivo e incluso mayor valor ambiental, requiere de acciones inmediatas que permitan mantener la actividad vitivinícola a la vez que se salvaguarda el medio ambiente.

En este manual práctico, -que podrás descargar al final de este artículo y conocer las claves para practicar una viticultura respetuosa con el medio ambiente, fundamental para obtener frutos de calidad-, se recogen los siguientes contenidos:

Viñedo y medio ambienta, una relación necesaria

El futuro de espacios medioambientales emblemáticos, también depende de la forma en que los agricultores gestionemos los viñedos.

El arranque de los viñedos de secano y la transformación masiva a regadío de extensas áreas de vid, en muchos casos con la consiguiente sobreexplotación de los

recursos hídricos disponibles, lleva a la desertificación de tierras fértiles y a la sobreexplotación de cursos de agua, y afecta tanto a la cantidad como a la calidad de este valioso recurso.

Un manejo adecuado de los viñedos permite desarrollar su potencial para actuar como corredores ecológicos, ofreciendo refugio y alimento a la biodiversidad amenazada por la fragmentación del territorio o el cambio climático.

Mientras, otra biodiversidad se encuentra en peligro: la de variedades autóctonas de viña, muchas de ellas prácticamente en desaparición al ser sustituidas por variedades foráneas, peor adaptadas al medio.

La tierra bajo el viñedo

El suelo es uno de los recursos más preciados y frágiles que tenemos, lugar donde permanece el cultivo, profundizan sus raíces y el medio por el que se nutre la planta. Es, además, un espacio físico en el que se combina lo mineral y lo orgánico, que junto al agua y el aire,

dan como resultado una mezcla viva, dinámica y fértil, siendo uno de los factores principales que van a influir en la calidad de la cosecha obtenida.

Sin embargo, su fragilidad hace que, tras años de inadecuadas prácticas agrícolas, pierda sus propiedades, volviéndose un medio inestable, pobre y hostil, sufriendo procesos degenerativos y erosivos. La pérdida de suelo en zonas de pendiente, su salinización por riegos inapropiados, y en definitiva la degradación física, química y biológica, hacen que la viña se resienta, disminuyendo su capacidad productiva y propiedades cualitativas, incluso dañando irreversiblemente parte o la totalidad de la plantación.

La tierra no sólo se trabaja mediante el laboreo, también mediante la fertilización orgánica y el uso de cubiertas vegetales. Todas las decisiones que tomemos sobre estas prácticas irán perfilando un suelo activo, influyendo no sólo en la fertilidad, sino también en el fortalecimiento, resistencia y estado sanitario del viñedo. A la hora de definir un plan de fertilización para nuestro cultivo es básico potenciar la fertilidad natural del suelo, manteniendo su biodiversidad microbiana, siendo clave el contenido en materia orgánica del suelo.

Agua y otros insumos

El viñedo es un cultivo tradicional de secano perfectamente adaptado a nuestro clima y suelo, y como tal debe defenderse y apoyarse. Sin embargo su transformación a regadío en los últimos tiempos es una realidad que no puede obviarse. El consumo de agua en

zonas donde el recurso ya es escaso o se realiza de manera inadecuada tiene impactos ya visibles en numerosas zonas de nuestro territorio.

Es por eso necesario promover buenas prácticas en la superficie en riego existente para mejorar la eficiencia en el uso de un recurso cada vez más escaso y alcanzar el necesario equilibrio entre producción y sostenibilidad.

Biodiversidad en el viñedo

El papel de la biodiversidad en los agroecosistemas ha sido ignorado en las últimas décadas, pretendiendo sustituirse por el empleo de plaguicidas, herbicidas y otros auxiliares tecnológicos sintéticos. Esto ha puesto en peligro la sostenibilidad del cultivo, además de mermar,

en muchos casos de forma alarmante, la biodiversidad vinculada a la actividad agrícola y con ello los servicios que genera, desde la polinización, hasta el control biológico o natural de plagas.

En el caso concreto del viñedo, la biodiversidad se manifiesta en cada uno de los seres vivos que pueblan este agroecosistema, en sus relaciones y servicios originados, además del entorno en el que se desarrollan. Todos son necesarios, pues si no hubiera una tierra viva y fértil o agua en cantidad y calidad suficiente, no existiría la viña y sus diferentes variedades. En ésta se desarrollan los insectos y patógenos que le afectan, que, a su vez, son el alimento de los auxiliares, que dependen de la vegetación y otros elementos del entorno.

Cambio climático, mitigación y adaptación

El cambio climático es uno de los principales retos ambientales a los que se enfrenta el planeta. La causa del mismo son las emisiones de dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O).

Las actividades humanas son las responsables de la mayor parte de estas emisiones, y la agricultura y ganadería son

una fuente importante de las mismas, especialmente de los dos últimos gases citados.

Sin duda, estos efectos suponen un impacto ambiental, socioeconómico y cultural importante. Por ello, deben tomarse medidas para frenar en lo posible el cambio climático, reduciendo las emisiones de gases invernadero a la atmósfera (mitigación). A la vez que debemos facilitar la adaptación a sus impactos, poniendo en marcha modelos de gestión adaptable que cambien a la vez que cambia el clima y fortaleciendo los ecosistemas, aumentando su resistencia.

Paisaje
entre viñas

Cada paisaje del viñedo es único: variedades autóctonas, viñas cultivadas como marcan la tierra y el sol, cepas de típicas formas, la cuidada vendimia, bodegas y el trabajo que se realiza en ellas mediante el cual se obtiene el esperado vino. Esto caracteriza y diferencia a cada comarca vitivinícola.

Con la importación e implantación de variedades foráneas, sistemas de cultivo y la puesta en riego de zonas de secano, va desapareciendo la riqueza y distinción de nuestras viñas. Esto supone una pérdida de la biodiversidad que, además, pone en riesgo la sostenibilidad ambiental de la zona.

La vitivinicultura ecológica puede comportar el desarrollo económico de una comarca, promoviendo actividades como el agroturismo o el enoturismo, generando biodiversidad y preservando la cultura e identidad de nuestros pueblos.

Manual de buenas prácticas en la viticultura

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